viernes, 15 de febrero de 2013

Siempre hubo monstruos...


¡ La familia al poder !


Ninguna publicidad me había golpeado nunca en el estómago de esa forma. Y la hay, bien lo sabemos, de muchos tipos, los suficientes como para no permanecer indiferente ante alguna de sus campañas. Con la publicidad se nos venden productos pero la también ideas políticas o incluso catástrofes. Todas aspiran a llegar al espectador, moverle por dentro y dirigirlo a su causa.
En la actualidad la hay  abundante, tanta y a veces tan bien hecha que personalmente, aunque tal vez algo menor eso sí, me parece un arte. Me gusta. Ser original, no repetir una idea, impactar, abrumar, sorprender pero sobre todo cumplir un fin eficientemente; hacer llegar el mensaje en unos segundos o en una imagen…al público objetivo, es un propósito complicado, misión casi imposible. Por eso en ocasiones se recurre al impacto o se evoca a alguna película de moda, o se crea polémica, pero en todos los casos el mensaje juraría que ha sacado un  billete en clase preferente y se dirige directamente al centro de  nuestras emociones.

Ese  vehículo invisible de conexión con el receptor tiene su poder y es la razón por la cual no todo debe valer y por la que se debe recordar también en este contexto, que el fin no debe justificar los medios. Bien es verdad que la publicidad ha creado sus propios canales para autorregularse y tratar de manejarse dentro de una ética empresarial que trata de estar en sintonía con la sensibilidad de cada sociedad, pero siempre hay algún provocador que la desafía.
Se necesita hacer reaccionar al público objetivo, acaparar su  máxima atención  y sobre todo interesarle sí o sí por el producto publicitado. El producto, recordemos que es esa “cosa” que en estos días se considera gasto imperdonable y  consecuencia de un capitalismo endemoniado, pero el producto es también  lo que justifica que se creen  muchos puestos de trabajo en la industria. Sin nada que vender a ese público objetivo, ingresos 0. Sin ingresos sobre los que imponer una carga impositiva, se acabaron las aspiraciones de nuestra sociedad de bienestar. Simple. El consumo debe ser el peso justo que permita equilibrar la balanza de recursos de una sociedad y de un hogar. Demasiado peso malo, demasiado poco también. Se requiere una sociedad adulta y responsable para lograr ese equilibrio, y por tanto personas equilibradas en cada uno de los puntos que influyen sobre ello.

Todo el mundo vende algo, consciente o inconscientemente, así es como funciona el ser humano aunque funcione dentro de un mercado invisible con productos invisibles, todo el mundo se maneja en  una compra venta y en el mercado se venden o se compran productos, que curiosamente dependen no solo de nuestras necesidades sino también de nuestras emociones y estados de ánimo.
Por eso aquél año me sorprendió no el anuncio del coche, con su campaña publicitaria supongo, sino mi reacción. La primera vez que vi el anuncio en cuestión, me irritó sin razón aparente (solo es un anuncio y casi del género infantil ¿Cuál es el problema? Me reproché a mí misma) y es por eso por lo que supongo, sentí  la necesidad de volver a verlo de nuevo en Internet pero más despacio.
Esa vez tratando de ver el mensaje con la actitud inteligente de un director de cine y desde distintos ángulos. Y como ocurre casi siempre, los encontré. Distintas perspectivas facilitan una información más completa así que por supuesto la observación de esos ángulos, me proporcionó aristas en las que pensar.

Ángulos planos positivos, correctamente iluminados, pero también imaginados ángulos negativos, planos tenebrosos y desenfocados, bodrios con sombras.

Callo, pienso, y acto seguido prefiero indultar el anuncio por conclusiones que no vienen al caso, porque ¿Es lo que hay o es lo que vemos? La realidad es al fin y al cabo una interpretación subjetiva de nuestro cerebro.
Ese anuncio, Seat Altea XL family, encendió irremediablemente este post en mi imaginación, una hoja entera en el periódico dominical de ese anuncio me puso a escribir y guardarlo muchos meses, hasta hoy.

Va de monstruos y de  un oficio tan viejo como la humanidad, supongo. Y es que de todos los oficios imaginados el que nunca deberíamos aceptar o soportar  es el de “criador de monstruos”.
Pero también es verdad que no tiene sentido sojuzgarse duramente y condenarse sin entender al menos primero, porqué un día nos despertamos teniendo que reconocer que en algún momento de nuestra vida hemos probablemente ejercido como criadores inconscientes de monstruos. Ese día, cuándo llega, nos parece increíble no haber sido capaces de ver mucho antes su colmillo, ese colmillo amarillo largo y deforme que tan obvio y tan afilado se ve ahora.
De acuerdo con que el monstruo era demasiado peludo y puede que esto ocultase ese signo claro de su naturaleza y puede que a veces incluso se mostrase cariñoso, pero si lo pensamos bien seguro que hubo más de una vez que algo o alguien sí nos lo señaló como tal “¡Mira, su colmillo!” y sin embargo le dimos al colmillito el valor de un  piercing. Tan mono era nuestro monstruo que lo integramos con perfección y gratitud en nuestras vidas, por mil y una vanas razones.

Tal vez una de las razones sea, que la mayoría de las personas hemos sido educados para tratar de ser en el sentido más peligroso de la palabra buenos, tan buenos que no nos cabe en la cabeza que nadie con aspecto “normal” pueda ser un monstruo peludo y mucho menos que forme parte de nuestro entorno mas cotidiano. Por eso aparece esa vocecita que te recuerda aquello de "no juzgues y no serás juzgado".
Pero yo te digo que grupos  no pequeño de personas normales han convivido (o padecido) durante algún momento de su vida con un monstruo, es decir con una persona cruel y perversa con una gran capacidad para manipular a otros mediante un supuesto don de gentes. Ellas, sí saben que los monstruos existen y si no lo saben lo van a descubrir.
Esas personas buenas e ingenuas conservan aún una caricatura del amor, tan tierno y esclavo, como infantil. Alguien importante para ellas, olvidó aseverar en su presencia tal vez tratando de no herirla, que los monstruos sí existen en la vida real y que a los monstruos no se les ama,  y con esa sutil omisión las dejó  condenadas de por vida a su merced. Alguien importante amó a su monstruo y con esa imprudente actitud la desautorizó para ejercer una sana desafección hacia lo monstruoso.
Los monstruos necesitan un tipo muy especial de alimentación y cuando les ofrecemos (amor,incondicional comprensión,  justificación u olvido de sus actos),  los vamos haciendo más fuertes y mucho más grandes. Tan grandes son los monstruos criados de ese modo al calor de un hogar "normal" que  irremediablemente asfixian a sus criadores al compartir la misma habitación, el mismo coche, la misma reunión, el mismo despacho, o la misma clase y lo hacen para que sus victimas no hablen, para que no escapen, para devorarlas.
Se puede ser  “criador involuntario de monstruos”, cuando se aceptan comportamientos que deberían denunciarse y confrontar. Incluso si nosotros no fuimos o somos su presa debemos  señalarlo cuando lo vemos y no justificarlo.
Pero somos buenos en el sentido menos bueno de la palabra, más buenos que el vecino, que el amigo, que el hermano, que tal vez merezca lo que le ocurre por enfadar al monstruo y por eso, pensar en el otro como en ese monstruo perverso que se prepara para devorarnos o devorar al otro no entra en nuestra lógica. ¿Quién quiere dejar de ser bueno, el niño perfecto que papá y mamá esperaban que fuésemos? ¿Por qué yo?¿Por que a mí? Se pregunta la victima mientras tanto.
Pero si lo piensas bien,  ¿Y por qué no tú? Cualquier persona podría estar en sus fauces cuando tiene hambre y no tiene a otro en ese momento, si no distingues lo que es un monstruo, si eres corto de vista o duro de oído, estás perdido, cuanto más opuesto eres a ese monstruo más atractivo les resultas, porque al contemplarte le recuerdas todo lo que él no será nunca.

Nadie nos dijo  que no somos  malos sino juiciosos por dejar de alimentar al monstruo, es incluso posible que nos educasen para convivir con uno y fingir que no lo era y por eso nos duele tener siquiera por un segundo lúcido, la visión de un jefe monstruo, de un trabajador monstruo, de un amigo monstruo, de un hermano monstruo, de un marido monstruo o de un hijo monstruo. Los monstruos pueden dirigir empresas, colegios, partidos políticos, o periódicos, pueden ganarse la vida impartiendo justicia, psicoanalizando a incautos o presumiendo de enlace sindical, cuanto mayor es su cuota de poder o influencia mayores o más sofisticadas son son sus perversiones. 
Pero lo único que puede salvarte de esa realidad cuando la vives, es dar crédito a la visión, a ese único momento clarividente que tal vez te permitas tener algún día.  Cuando llegue aprovéchalo por favor.
Utiliza ese amor incondicional que posees para quien sí lo merece y dejarle al monstruo un espejo delante de su jeta para que sepa que sabemos quién es, alejándote de su vida lo antes posible  y también de quienes están dispuestos a convivir con él. Porque o bien están ciegos como lo estabas tú y esa, ahora ya lo sabes, no es buena forma de funcionar o bien, son de su misma especie y tu todavía no les has visto el colmillo.
Cuando a menudo callamos, ignoramos o justificamos las actitudes del monstruo  le damos un poder impune a ese ser deforme en sus valores y retorcido en su capacidad de actuar, que luego utiliza inevitablemente contra nosotros o contra otros, y cuando finalmente lo echamos de nuestra vida para devolverlo al hábitat donde siempre debió estar, nos volvemos a sorprender viendo como ese monstruo encuentra a otros incautos tolerantes para que lo sigan alimentando, gente buena que cree que ese monstruo vestido de caperucita pero con su colmillo  y su pelaje, es una pobre victima de la sociedad.

Pero el monstruo no nos engañemos, hace lo único que le es posible hacer, monstruosidades y tarde o temprano se aprovechará de nuevo de la estupidez ajena  e hincará sus fauces sobre aquellos que se creen mejores que los anteriores “buenos” ahora convertidos por supuesto en “malos” y que ejerciendo su derecho a vivir dignamente han curado sus heridas y abandonado al pobre monstruo.
Algunas de los que sí se atrevieron a señalar al monstruo, saben que se paga un precio, cuando el monstruo es señalado públicamente, se transmuta rápidamente y toma la forma de falsa presa. Crea alrededor de su "imposible" toda una cadena de imperdonables infamias para no desprenderse del todo de su "huida presa" cometiendo mayor perversión si cabe. Pero el hecho de huir, permite una mejor visión y fortalece y una vez comprendido esto, el monstruo deja de tener poder sobre su victima y sus  acciones comienzan a ser torpes, animales, va dejando la huella con el tamaño correcto, hasta el punto de delatarse por sí solo y acabar ahogado en sus propias deudas con el ser humano. 
Ahora, puedo olerlos a  distancia así que será poco probable que me atrapen en sus fauces, brother.
Si crees conocer a un monstruo, lárgate rápido porque es seguro que ellos son lo que son y no cambiará su naturaleza. 


El anuncio, no tiene desperdicio. Si lo ven tal vez se permitan hacerse algunas de estas preguntas
¿Cuáles son los monstruos que me rodean?  ¿Soy yo el monstruo de alguien? ¿Soy yo un criador de monstruos?. Si tiene la suerte de no haberse topado nunca con ninguno, piense entonces  en que tal vez sí conozca a una de sus victimas, y si se siente con fuerza suficiente explíquele por favor  cual es la única naturaleza de los monstruos.

“Por que ya se sabe lo que pasa con los monstruos crecen, crecen y crecen”

Por lo tanto, no los alimenten…y obliguemos al sistema y al psiquiatra a que hagan correctamente su trabajo. 

Versión completa del anuncio en : www.unahistoriaxl.es.


2 comentarios:

José Angel García Landa dijo...

Uf, espero que no sepas mucho de monstruos... así en primera persona. Pero por lo que escribes, igual sí tienes información de primera mano. Sea como sea, a apartarlos empujándolos con un palo...

L u x dijo...

Ja,ja. Tengo la profunda sensación de haber conocidos a unos cuantos (aunque no personalmente a todos) y la certeza absoluta de haber mirado a los ojos a unos cuantos, no muchos, pero los suficientes para saber efectivamente de que hablo. Pero ya sabes... Siempre hubo monstruos...así que ¿por que iba a ser yo una excepción? Y si yo tengo esta estadística probablemente tu te hayas topado con alguno jaja, pero me queda claro que nunca en sus fauces, cosa de la que me alegro!!! Gracias por tu comentarios que dan un poco de vida al blog!!.

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