domingo, 7 de marzo de 2010

Prohibido hacer fotos





Alguna de la información que nos llega últimamente de Gran Bretaña tiene un matiz más que curioso, o a mí me lo parece. Yo diría que hasta significativo, respecto del estado mental del mundo occidental en general. Y no es en absoluto que los ingleses sean más raros por cocinar con matequilla sino que por alguna razón la ola les llega un poquito antes que a nosotros.
¿Qué está pasando en nuestra realidad más cotidiana para que ésta nos devuelva tantos indicadores de que el mundo está tan enfermo de miedo que empieza a comportarse como un paranoico?.
Tal vez deberíamos preguntárselo a Sheila, porque razones para formarse una opinión no le deben faltar, supongo.
Sheila Campell es una abuelica octogenaria, una grandmother escocesa al uso, de pelo blanco y rasgos típicos de la zona; cara redonda, ojos claros, y aparentes buenas dosis de energía me atrevería a añadir. Cabe pensar así puesto que con la edad que tiene, a esta gentil señora le gusta ir con sus nietas a pasar sus buenos raticos a una de las piscinas locales de Edimburgo, tal y como hizo un día cualquira del pasado verano. Y ya sabemos que para cuidar a un niño hay que por lo menos poder echarse a correr…
Y digo yo que esa afición de esta escocesa a ir a la piscina municipal, aparenta un comportamiento cabal, propio de cualquier abuela que se precie en tiempos de calor. Pues veamos, como las apariencias engañan, ya que a esta buena señora no se le ha ocurrido otra cosa más caprichosa que “intentar” hacer fotos de sus preciosas nietas en dicha piscina pública.
Insensatos los ha habido siempre, porque ya se sabe que el desconocimiento de la ley no te exime de su cumplimiento.

¿De que va entonces esta buena señora?¿En que mundo vive?. Es lo que debió preguntarse el bien mandado vigilante de la piscina. (Que para uno que ejerce de lo que le contratan… va y la arma).
Sheila, que no ha resultado ser según lo publicado una señora demasiado puesta en los peligros del mundo y más en concreto, en los peligros de Internet y en consecuencia en la histeria que padecemos algunos padres, ha reaccionado justificándose educadamente, a la llamada de atención del vigilante de la piscina y por ende de protección a la infancia.
Como no podía ser de otra forma para una ciudadana ejemplar, cuando éste le ha espetado algo supongo parecido a “manos arriba, y tire usted la cámara de fotos a un lado” la señora se ha identificado bajo imagino un estado de semi shock, como abuela por parte de padre de las niñas, encuadradas en su visor. (Ni te cuento lo que pasaría si la pillan con dos agujas de ganchillo cerca de las pobres niñas)
Y es que por si no lo saben, en Escocia hay varios municipios que han prohibido taxativamente hacer fotografías a los infantes y adolescentes, en lugares como véase el caso, piscinas públicas y colegios.
Y no, no es broma. Se supone que es una medida preventiva para impedir la pede-(rastia). Considerarte culpable digo, de antemano y en nombre de una ley que el país de las faldas a cuadros se ha sacado de la manga de sus legisladores para salvarles de los malos considerándoles eso sí, maleantes potenciales sin preaviso.
Lo que está bien intencionada abuelica le dijo a su acusador ha sido trascrito en algo así como: “'No había otros niños cerca, y además sólo quería fotografiar a mis nietas. ¿Qué hay de malo en ello? Pero el empleado de la piscina insistió en que no podía hacerlo. Vivimos en un Estado niñera'’
Resulta que allí en ese trozo de tierra tan separado de Europa a veces y tan cerca otras, han creado lo que se llama la Confederación Nacional de Asociaciones de Padres y Maestros, para entre uno de sus loables fines pedir a los directores de los colegios que salvo autorización expresa de todos los padres de alumnos no se hagan fotografías de los actos escolares. Tal y como leen. (No se si por esas tierras tendrán que pagar también un canon como aquí al equivalente a la SGAE…que me temo que sí, pero lo que parece cierto que se empieza a poner más que chungo para los colegios continuar con actividades de toda la vida, como el teatro o la fiestas escolares)
Pero en mi opinión algo más inquietante que dejar a todas las generaciones actuales sin los recuerdos fotográficos de los mejores momentos de su niñez (con abuelitas escocesas o sin ellas) y que tanto han alegrado la memoria de otras que han vivido tiempo más maduros y responsables, es el hecho de que para noviembre del 2010, millones de personas que trabajan con niños, tendrán que pasar por algo que llaman “filtro” con el noble fin de evitar que los pede-(rastas) campen a su antojo entre sus escolares.
La encargada de este control en Inglaterra será la Independent Safeguarding Authority (ISA), que se creó parece ser a raíz del asesinato en 2002 de dos escolares de diez años por un empleado del colegio que frecuentaban. Y a día de hoy no estoy informada de cómo ejercerá exactamente ese control ni quién la controlará a ella de posibles abusos contra la intimidad de las personas y la presunción de inocencia.
Por eso me pregunto: ¿No está siendo todo esto un comportamiento un poquito desproporcionado? Si lo que pretendemos es llegar a ese imposible riesgo cero (al que a cualquier padre bien nacido nos gustaría), deberíamos evitar entonces traer niños al mundo.
Así directamente, porque siguiendo el moderno camino de la prevención por ley, estaría bien recordar que el tanto por ciento mas elevado de delitos sexuales se sitúa en los entornos familiares, la mayor parte de lastres emocionales que arrastramos los adultos se gestan en los entornos familiares, un buen número de conductas abusivas se dan también en entornos familiares y escolares.
Hace unos cuantos años, la sociedad ayudaba a educar a los niños, se implicaba honesta y activamente en cada comunidad. Ahora no. Y es que siguiendo esta ola de prudencia extrema hacia la infancia ¿quién se atreve a dirigirse a un niño con este panorama?. "Que lo eduque su padre", pensamos todos mientras luego nos quejamos del vandalismo y su falta de respeto cuando crecen.

En nombre de esa sobreprotección desproporcionada hacia la infancia pronto dejaremos de ver dulces rostros infantiles en pongamos por ejemplo, programas infantiles, publicidad, álbumes de amigos, orlas escolares etc.
La ley se tragará de un día para otro (y si no, al tiempo) los risueños rostros infantiles y será como si no existiesen, y tal vez con el paso del tiempo porque el hombre es desmemoriado, creamos que lo hicimos porque la infancia es algo horrendo que hay que ocultar.
Y todo por que un número limitado de mal nacidos y otro menor y mejor nacido eso sí, de representantes electos han decidido echarse un pulso. Un pulso que a mi modo de ver van ganando los pede-(rastas).
Pero lo triste y real es que después de obviar la imagen pública de los niños, seguirá siendo inevitable que los casos de pedo-(filia) y pede-(rastia) sigan existiendo porque la naturaleza continuará trayendo mamíferos sin alma de esta subespecie, incapaces de respetar la inocencia y la vida.
Aunque por otro lado, lo que sí habremos logrado es crear puestos vacuos de trabajo que deberán pagarán todos los contribuyentes, y que para justificar su existencia tendrán que seguir prohibiendo y señalando las miserias del mundo sin resolverlas adecuadamente.
Y puede que posteriormente a eso y en nombre de la seguridad de los niños, tal vez se prohíba dar un abrazo o un beso al saludar. Veremos en una caricia de consuelo algo perverso y denunciaremos sin mala conciencia al subversivo. Y entonces, ¿Nos sorprenderemos de que el mundo sea tan inhumano?
Y así de democráticamente, en este universo amedrentado que vamos formando todos los hombres y mujeres, dejaremos de ser (si es que un día lo fuimos) prudentes, maduros, precavidos, educados, espontáneos, arriesgados y hasta huérfanos, porque siempre habrá algún bien nacido a disposición de papá estado que decida velar por todos nosotros, los imprudentes, los temerarios, los apasionados que quieren responsabilizarse de sus actos, la gente corriente que vive sencillamente. Esa que es feliz fotografiando a los nietos y dándoles un achuchón para luego tomarse un té en el triste invierno de una fría isla y presumir con las amigas de lo guapos que son sus nietos o lo bien que nadan.
Y es que después de todo tengo que reconocer que parte de ese miedo tal vez se haya empezado a gestar en mí sin necesidad de leyes escocesas, porque últimamente desdibujo los rostros en las fotos que subo para este blog, no fotografío niños que no sean conocidos y evito la cámara en lugares demasiado concurridos como la playa o cumpleaños infantiles para evitar malentendidos.
Pienso en esos nuevos hombres de hoy en día que son cariñosos con los niños, que juegan con ellos sin hacer gala de esa antigua frialdad emocional y se ocupan de hacerles reír y también en los monitores de tiempo libre, en los profesores de colegio o los particulares, en los pediatras, en las cuidadoras que se contratan en los hogares, en los directores de canales y películas infantiles, en los cantantes de canciones infantiles, en los vigilantes de los patios de colegio, en los trabajadores de UNICEF…En definitiva en los millones de personas que hacen de la infancia un lugar mejor ¿no serán todos un poquito pederastas? Piénselo. Hay una diferencia enorme entre la función del estado al prevenir y castigar en consecuencia y de manera lógica y proporcionada, que es lo que la mayoría deseamos y esta forma tan extraña de proteger al niño.
El mismo niño que un día crecerá no olvidemos este detalle y se habrá de enfrentar a peligros estadísticamente mucho más probables.
Así es que no me extraña que haya personas como el escritor Pullman autor de “La brújula dorada” que hayan decidido no continuar su actividad eventual por las escuelas puesto que le obligan a figurar de antemano en un listado que pretende vigilar a los pederastas. 'Me niego a ser cómplice de cualquier sistema que dé por supuesta mi culpabilidad', afirma el escritor, que fue antes maestro.
Pero mientras hacen eso, crear leyes ineficaces, donde pagan más justos que pecadores no atienden tal vez signos que si deberían ser investigados, perseguidos y condenados severamente, aunque como madre prefiero pensar que sí, que sí persiguen al verdadero pede-(rasta)y que el sistema concentra su esfuerzo en detectarlos a tiempo porque ¿alguien sabe cuando, a que edad se “completa” esa clase de monstruo?.
Una vez escuché en televisión a uno de ellos que decía de sí mismo y de los otros como él, que un pede-(rasta) lo era hasta que moría, y que la pedo-(filia) era solo la antesala de la pede-(rastia)¿no es esto también lo que ocurre con los viola-(dores)? Solo escribir esas palabras me abruma, me asquea, si se pudiera entender este post sin ellas ni las utilizaría, así que las camuflo para no aparecer en búsquedas extrañas.
Claro que aquí, nuestro sistema español es más bien del género integrador y como confía en la reinserción del reo, pronto nos los devuelven al sistema, super integrados y reciclados, aunque eso sí igual de pede-(rastas) o viola-(dores) que cuando entraron. Tan reciclados en su comportamiento que al juez de turno, al instructor, al legislador, al psicólogo que tal vez le dió el alta y demás trabajadores de este sistema penitenciario, probablemente no les importaría nada tenerlo de monitores para sus hijos pequeños, después de cumplir una condena justa, eso sí.
Pero no nos engañemos, la verdadera responsabilidad empieza en el que legisla, no en el que aplica la ley y ahí me temo que nos hacemos todos un poquito responsables.
¿Se han imaginado alguna vez el trabajo tan desgraciado del policía que tiene que visualizar estas aberraciones? ¿ No me gustaría estar en su lugar.
Así que puestos a cambiar las cosas a mejor, empezar castigando ejemplarmente a los verdaderos delincuentes y haciendo que la justicia funcione mejor, sería una tarea mucho más noble y realista, digo yo…
Claro que tal vez esto me pilla ya un poco mayor y es por lo que no entiendo en absoluto este sistema que se pretende crear, sin imágenes de risas infantiles que me recuerden que un día yo también fui inocente, tan inocente que pensé que todo el mundo era bueno y merecía una oportunidad.
Ahora en cambio ya superada hace muchos años la infancia y criando, lo que creo es que algunos de ellos no merecen esa segunda oportunidad.
¿Qué será entonces de estas generaciones educadas en el miedo hacia el ser humano casi como principio para su propia salvación? ¿Cómo juzgarán a sus iguales el día de mañana? ¿A quién perseguirán? O más bien ¿a quién no perseguirán? ¿En función de que moral legislarán? ¿Llegarán nuestros hijos a esconder a nuestros nietos para que el vecino no sepa que viven en casa, por si acaso?...Se verá.
¡Que complicado es todo! ¿no? Y todo porque este verano leí la noticia de una abuela escocesa quería hacer una fotico a sus nietas en una piscina pública y quiese saber quién era.
.


*Ese mismo verano y miestras escribía este post dos noticias publicadas durante llaman mi atención:
Una joven profesora de música es detenida en el Reino Unido por tener relaciones con otra menor de trece años.
En España un hombre es increpado por hacer fotos de menores en una playa mientras sus padres los duchaban sin el bañador. El sujeto en cuestión se tragó literalmente la tarjeta de memoria del móvil cuando iba a ser interrogado por la policía)
Así que sí, realmente es muy muy fácil sentir un poquito de miedo y verse desbordado.

Yes, we can!

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